Perfil y visibilidad
Antes de escribirte, una empresa ve tu perfil. Es la única información que tiene para decidir si merece la pena contactarte a ti antes que a otro freelancer — así que vale la pena tratarlo como lo que es: tu escaparate.
Especialidad clara, no una lista interminable. «Full-stack, diseño, marketing, redacción y fotografía» no dice nada. Es mejor una especialidad concreta con dos o tres habilidades de apoyo que un listado de todo lo que sabes hacer un poco.
Tarifa visible, aunque dé vértigo. Los perfiles sin tarifa generan más dudas que confianza: la empresa no sabe si encaja en su presupuesto y muchas veces ni te escribe por no perder el tiempo. Poner un rango orientativo filtra mejor que dejarlo en blanco.
Bio corta y concreta, no un currículum. Dos o tres frases sobre a qué te dedicas, qué tipo de proyectos te gustan y qué te diferencia funcionan mejor que un párrafo largo que nadie termina de leer. Escribe pensando en la empresa que lo lee, no en ti.
Ubicación y modalidad de trabajo bien indicadas. Si trabajas en remoto, dilo explícitamente — muchas empresas descartan perfiles solo por no saber si están disponibles para su proyecto.
Y sobre todo: complétalo. Un perfil a medias transmite lo mismo que un CV a medias. Tarda menos de diez minutos rellenarlo entero y es, con diferencia, lo que más peso tiene en que te contacten a ti primero.